Vistas de página en total

viernes, 4 de marzo de 2011

Secuencia numérica de la seudoalma…


Una, dos, tres gotas.
Café para el alma y el cuerpo,
poco en este punto me agota
tú insólita manera de caer.


Cuatro, cinco, seis pliegues.
Una anécdota más de juventud,
se requiere de indiferencia e ignorancia,
hoy nadie estará esperando tras la puerta.


Siete, ocho y nueve pétalos
con un discurso elaborado de soledad.
Preguntas al viento cuando calla,
la respuesta ya no se lee entre líneas.  


Diez las razones por las que aún espero
tú sombra inerte sobre mi espacio.
Natural secuencia de eventos
que juegan con la voluntad.    



                                                                 
                                                                                          

miércoles, 2 de marzo de 2011

Me senté a observar...

Hoy en horas de la tarde, estuve en un centro comercial muy concurrido. Si bien es cierto mi intención no era pasear pues, el motivo original era diligenciar algunas cosas, inminentemente terminé haciéndolo. Y ahí estaba yo, viendo tiendas desde la vidriera y con tan poco interés que cualquiera podría asumir que solo quemaba tiempo caminando de un lugar a otro para perforar el suelo, el mismo lleno de pisadas más antiguas que las mías y quizás igual de dispersas. Ya un poco adentrada la tarde me aparté a un pasillo poco transitado, saqué mis audífonos y busqué alguna canción que combinara con la repentina melancolía que surgió sin razón aparente y la que como buena masoquista debía enmarcar en una tonada igual de ambivalente para crear la situación perfecta para mi estado de ánimo.
Lo curioso de esto es que aparentemente ninguna de las opciones musicales parecía hacer juego ante tal situación. Miré una y otra vez y no encontraba nada que pudiera fungir como banda sonora ante mi actitud distante pero, de pronto, me topé con una tonada algo vieja pero clásica y procedí a dejarla sonar mientras miraba a mí alrededor. De repente, las cosas dejaron de ser solo cosas y empezaron a rimar bajo la misma vibra, las luces del lugar, el ritmo de las personas, las dinámicas naturales de sitios habitados, los olores y hasta mi misma presencia hacían juego, al mejor estilo de una partitura. Todos conocemos el alcance de la música, todos disfrutamos de la existencia de la misma, en mayor o menor medida, pero su valor más allá de lo tácito, su verdadero poder radica en como fusiona casi todos nuestros sentidos en su totalidad para poder disfrutarla de una manera más sensorial.
Lo que me hizo pensar… ¿Será qué en ocasiones nos dispersamos ante el ritmo natural de la vida porque la enfrentamos sólo con algunos y no todos nuestros sentidos? Podríamos pues, indagar un poco y reconectarnos con los simples placeres que en ocasiones olvidamos para encontrar un argumento ante este planteamiento. Ejemplo: Un olor agradable, un sabor reconfortante, una linda vista, un clima que te roce y un sonido de fondo que nos recuerde lo preciado de contar completamente con esos hilos conductores a la realidad, un hecho del que no todos pueden gozar o presumir.
Hacer la vida más disfrutable y vivible depende netamente de nuestra óptica y disposición para en vez de sobrellevarla fluir con ella. Elementos simples pero de gran poder extemporáneo que de hacerlos hábitos definirán nuevos colores. Y eso, es lo que yo considero, un placer gratuito y de libre dominio. Un viaje directo a nuestro límbico fiel, el cerebro noble y detallista. 


lunes, 14 de febrero de 2011

Decálogo del agradecimiento dirigido a los hombres de mi vida…

Gracias:
    1. A ti que me correspondiste cuando sentí, sin miedo alguno, el deseo de gritar lo más duro que pude “conseguí a alguien a quien querer tal y como es” (así el sentimiento no haya sido eterno). Así haya durado por horas, minutos o segundos yo experimenté la vida que da el querer sin reservas.
    2. A ti que a pesar de las diferencias y el contexto te diste la oportunidad tomándome de la mano de enfrentar todo para vivir en la locura.
    3. A ti que me hiciste sufrir, que me hiciste dudar, que me hiciste cuestionarme he incluso evaluarme ¡Gracias!. Cada lágrima me hizo fuerte, cada tropiezo me hizo levantar, cada herida me hizo aprender a sanar y cada dolor me dio la fuerza para perdonar.
    4. A ti que no llamaste de nuevo, que me tuviste al lado del teléfono infinitas horas atenta a un gesto de correspondencia después de aquella entrega. A ese que decidió no volver le agradezco que me ahorrara el tiempo, que me hiciera no perderlo en ilusiones vacías y que me hizo asimilar realidades porque no había más que ofrecer le debo mi actual claridad para evaluar y entregar.
    5. A ti que te fuiste con alguien que quería importándote poco cualquier parámetro de consideración y respeto, te debo, hoy por hoy, el poder de seleccionar mejor a quienes me rodean, he incluso te disculpo por no saber equilibrar deseo y sentimiento, no como gesto benevolente ante tú error si no, como placer humano de brindar paz.
    6. A ti que me tuviste como opción y nunca como prioridad. Que no luchaste si no solo ofreciste y muchas veces lo restante de tu vida te agradezco que hayas pasado por la mía. Me enseñaste sin saber como se debe tratar a las personas, pues no podría hacer a otros cosas que no me gustaría me retribuyeran. Por esa inconstancia ante mi sentir me dejaste ver lo que nunca quiero ser o hacer a quien me pretenda.
    7. A ti que solo piensas en mi en la distancia pero que en la realidad de un encuentro te faltan pantalones y vida para verme a los ojos te recuerdo que: “Las palabras el viento las aleja y sin acciones nada queda”. Considéralo como un consejo para que no tropieces con la misma piedra y puedas lograr sentirte el hombre que presumes pero que en realidad no existe.
    8. A ti que te ausentaste sin despedida mil gracias por ahorrarte palabras sin sentido que pudiesen haber complicado aquel momento carente de explicaciones válidas. Tú ausencia se hizo letra, se hizo arte y me invito a regocijarme en el placer de comunicar sin palabras, mi actual alimento de vida.
    9. A ti que aún no entiendes todo lo que significo, que no ves todo lo que soy o seré, que no te has percatado de lo bonito de mi estadía, de lo acertado de mi pasión gracias. Me has permitido recordarme mil veces todo lo que represento y saberme como soy me llena de plena dicha, pocos pueden presumir de eso.
    10. A ti que no has llegado aún pero llegarás, gracias por existir en el mismo momento y tiempo que yo lo hago. Gracias por reconocerme, valorarme, aceptarme y sentirme entre líneas. En especial agradezco que me recuerdes el hecho de que la espera valió la pena. 

                                                                          

viernes, 11 de febrero de 2011

Las viñetas de días recientes…

·         Poder, dinero, reconocimiento, fama, amor, drama, pasión… Todos buscamos algo sin duda, pero no siempre es sencillo asignarle un título al objeto que despierta esa infinita efusión por estirar las manos y llegar hasta él para sentirlo propio.
·         Cuando perdemos un artículo de uso común, de esos que al extraviarse parecen que conspiraran desde los lugares más recónditos, todos nuestros sentidos se activan para dar con el centro de nuestro interés.
·         Visualizamos, nos movemos, preguntamos, nos alongamos, agachamos y sudamos hasta que aparece el anillo, el zarcillo, los papeles importantes o ese número de teléfono que nos puede alegrar el día.
·         Pero no siempre con la misma sencillez se logra afrontar el camino que nos conduce, el medio hasta el fin, la pregunta hacia el por qué.
·         Es como tener las manos llenas de arena, mientras más sujetas puedes tener la garantía de que permanecerá junta, organizada, acumulada, adherida a tus formas.
·         Pero, cuando abres los dedos, cada uno de esos gramos minúsculo que hacían una poderosa fortaleza se ven reducidos a pequeños trozos de un todo, que por su cuenta, no pude ser más que una diminuta porción colocada a orillas o al fondo de algo.
·         Yo busco cosas, todos buscamos algo… Entre ellas persigo la sombra de la esperanza, para que al tropezar la utopía, no haya que deshojar más flores inocentes.



domingo, 30 de enero de 2011

No soy un buen ejemplo… Quizás por ser honesta.


No se si rebeldía sea el termino más idóneo para describir el móvil de muchas de las decisiones que he tomado a lo largo de mi vida. Considero que el término correcto quizás sea negación, una rebeldía podría pensarse como un acto adverso a lo social y políticamente impuesto. Mientras para mí, una negación es una oposición realmente justificada de una realidad determinada. La mía, mi realidad, es considerar injusto y castrante que todos tengamos que ir en la misma dirección cuando probablemente nuestros deseos personales nos lleven a otros espacios distintos a los transitados. Y así pues ha discurrido mi vida, siendo el mínimo común denominador en situaciones comunes y corrientes, haciendo las cosas a mi manera, bajo mis propias reglas y no por esto debe asumirse que ha sido lo mejor o lo más sencillo, pero al menos tengo algo para contar en mi vejez y de lo que me haga sentir orgullosa.

Traigo todo este pequeño monólogo a colación porque recientemente escuché una conversación que llamó mi atención considerablemente. Estaba en ese sagrado lugar para nuestra cultura, la peluquería, espacio consagrado para comentar y evaluar la vida de los demás mientras nosotros tratamos con latonería y pintura de resguardar la propia. En fin, una señora sentada a unas pocas sillas de distancia conversa con otra, aún más separada de ambas, sobre la “última gracia” hecha por… Llamémosla Sutanita, porque la verdad no recuerdo el nombre, quizás porque no me interesa. El caso es, que ellas discutían al mejor estilo de esos programas miameros que involucran un juez pues, que la mujer en cuestión, estaba saliendo con un tipo casado, un tipo de paso más joven y con quien tenía una vida sexual de espanto y brinco (asumo por lo divina). Ya en ese punto, decidí dejar mi libro y prestar algo de atención, ya que, si lo estaban prácticamente gritando de silla a silla era sinónimo de que todos los presentes estábamos invitados a coser y descocer también a esa lujuriosa mujer.

Estas señoras, ya de cierta edad tiraron a los leones a la inocente mujer. Y digo “inocente” porque hasta el momento su único pecado era darle a su cuerpo lo que pedía, complacer sus antojos, vivir sin apegos a las normas y otras cosas que yo en lo personal consideraba como heroicas ya a ese punto cronológico en que las juezas y verdugas sin capucha (pero sí con mucha laca) se encontraban. Todo iba muy bien hasta que, una de las involucradas ante la mirada cómplice de las peluqueras y otras asistentes a aquella sala de tortura sentenciara que esta situación, de andar por aquí y por allá con esas libertades y esos hombres sólo eran sinónimos de “graves problemas de conducta derivados de una baja autoestima”. Yo, en este punto, solo deseaba que la señora sacara de aquella cartera de imitación barata un título que la certificara como psicóloga y de esas que tienen honores y escritorio propio, porque permítame, semejante diagnóstico viene de una mente estudiada o podrida, y no se porque presiento me quedaré con la segunda. 

Ciertamente el tema cambió después de lanzar a “Sutanita” a la nave del olvido, el interés pasó a otras banalidades como dietas o moda. Pero yo, no podía sacar de mi mente aquello. Si bien es cierto, “Sutanita” no es de mi familia o amiga personal (creo yo) aunque su historia se me hace conocida. Sí me pareció algo injusto que fuese puesta en evidencia ante un grupo de gente igual o peor que ella (sin detenerme en axiomas) a las que nadie señalaban directamente pero de seguro con mayor cargamento de paja que pudiese ser pisada o comida a futuro por otra comitiva de extraños.

Siempre he considerado que tener autoestima es quererse y respetarse por lo que se es y se representa. De ahí a parcializarme por teorías psicológicas pues no lo pretendo, por el simple hecho de que considero que todos y cada uno estamos en el derecho de vivir y contextualizar este tipo de teorías ya algo gastadas. Una persona que piense y actúe fiel a sus principios tiene, a mi forma de ver, igual cabida que alguien que se diga “yo valgo, yo merezco lo mejor” pero se consigue con hombres mal tratadores, con jefes abusadores, con amigos inconstantes y con familiares disfuncionales. No soy quien para enmarcar qué es bueno y qué es malo, estoy muy distante de ello porque mis propios conceptos ante el tema probablemente sean muy diferentes a los suyos que me lee (conscientemente o por error del buscador), el caso es que, nadie tiene el derecho de etiquetar y juzgar a otro por sus acciones, más aún cuando no lo incluyen. Yo he sido criticada y evaluada por muchos toda mi vida y también he sido la que señala (pero eso sí, en menor escala) sin embargo, estoy trabajando para dejar ese asqueroso hábito de apuntar y me ha ido muy bien. Al punto de ni fijarme en quien hoy por hoy me sigue apuntando con el índice, con suerte, y no con otros dedos menos cordiales.

Esa señora de quien hablaban, que puede llevar cualquier nombre o cualquier rostro podría reflejar la historia de muchas mujeres que durante cuantioso tiempo vivieron apegadas a la moral y las buenas costumbres resultando golpeadas y pisoteadas por las mismas, siendo infeliz y sufrida ante estas imposiciones sociales. Después de tanto lagrimear, se alzó y decidió quemar sus sostenes (los ya quemados por años apegada a las cuatro hornillas de su casa) y decir con voz clara y fuerte “NO ME LA CALO MÁS”. Son especulaciones mías, bastante entretenidas por cierto, pero eso sólo demuestra que no conocemos la realidad de nadie una vez que atraviesa esas cuatro paredes llamadas por algunos hogar. Quizás esas señoras “seudoamigas” criticaban con tanta ira porque ellas no habían tenido la fortuna de vivir y andar de aquí para allá con un hombre viril y menor que las sacara de esa vida marchita que muchas mujeres de edad avanzada y otras más jóvenes experimentan y por ello, juzgaban a esta mujer sin “amor propio” que vivía un idilio con un hombre que la hacía más mujer de lo que ya era, y quizás, por ratos más prolongados que hasta el mismo coroto que la acompañó en los mejores años. Si bien es cierto es casado, no he ignorado ese punto, pero no me detendré en ese aspecto porque también tengo políticas probablemente distintas a la suya y es un terreno de amplio espectro que no quiero justo ahora tocar.

Yo respaldo la libertad, yo respaldo y aplaudo a quien vive con la convicción de experimentar y resurgir ante tanta pared social impuesta por un mundo hipócrita y sumamente infeliz. Yo que bebo, hablo fuerte, río a gritos, me retoco el maquillaje en la calle, suelto algún improperio en medio de un juego de futbol o mientras manejo. Yo que he ido y venido, a pie y en avión, sola o acompañada he visto que así y solo así se vive con amor. Por el hecho de respetarme no sigo a grupos sin bases, yo que por quererme he querido a todo el que me rodea y hasta me ha acompañado en mi cama o fuera de ella. Yo que he reunido un sinfín de aciertos y desaciertos me pongo del lado de “Sutanita” porque si a esa edad yo llego con ese Espíritu, seré divinamente criticada y envidiada en cualquier peluquería, pero eso sí, feliz y amándome. Ustedes piensen un momento…Qué tanta honestidad profesa y qué tanta practica. Si fuese alguien de esta historia quién sería y lo principal… Pregúntese si tiene “Seudoestima” o verdadero “Amor Propio”. Acompáñeme en esta tarea… Para no ser la única que ve más allá de lo obvio.  

                                 


viernes, 14 de enero de 2011

Y tú… ¿Cómo ejerces poder?



“El conocimiento es poder”, miles de veces escuché esa frase, y por creerla cierta, la transmití a mis alumnos en todos los momentos que pude y creí prudentes. Pero es contradictorio, conservando el sentido más literal, como muchas personas capacitadas y sumamente preparadas en distintos ámbitos de la vida no ejerzan poder alguno en ningún otro de sus semejantes. Pueden hablar de política, de arte, de religión y cuanto tema delicado haya que cubrir en protocolos o informalidades con esa especie de guante blanco de la sutileza, pero, a fin de cuentas, sino logras sublevar a algún integrante de tú fugaz audiencia, en definitiva, no tienes la base de ese argumento, no tienes el tan anhelado poder. Este ejemplo aplica también al dinero, a la experiencia y no muy remotamente, al sexo.

El sexo es poder, para muchos es una herramienta sublime pero contundente, es un recurso tangible, existente y por vivencial natural, de ahí deriva su alcance primordial. Por ser tan nuestro, tan universal, tan sensorial,  se requiere, se demanda y se utiliza. En este caso, a diferencia del anterior, con o sin guante, cualquier audiencia podría dejar sus paradigmas he incluso posponerlos por esos mundanos placeres que rigen muchas aristas de la humanidad. El placer de obtener lo que se quiere y de conseguir a alguien dispuesto a darlo.

Bien decía mi padre que el interés mueve a las personas, nosotros estamos atados por hilos de interés a la mano de un portador variable de beneficios. Desde pequeños queremos agradar a la maestra y por ende nos portamos socialmente bien, estudiamos, figuramos y en la misma línea cíclica enorgullecemos a familiares y compañeros. Al crecer, ese patrón de aceptación requerida no descansa en los pupitres escolares, lo arrastramos hasta la Academia y deseamos seguir obteniendo el aplauso de las figuras itinerantes que entran y salen de nuestra vida, llámense amigos, colegas, familiares, pareja y como si fuera poco, debemos en su momento ser eficaces y eficientes para agradar al jefe en cuestión, a los nuevos compañeros laborales, a las parejas potenciales y avanzada la vida, nos encontramos queriendo agradar a nuestros hijos por quienes daremos todo y hasta más, sin la garantía de que seamos valorados, corroborando así la existencia de un círculo infinito de meritocracia.

Recuerdo una vez haber leído: "Dios ha creado al hombre como un animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de su propia especie, y le ha dotado, además, de lenguaje, para que sea el gran instrumento y lazo común de la sociedad." Pero, existen muchos niveles de comunicación, y el lenguaje según los expertos que mejor representa nuestros verdaderos pensamientos es el corporal. Entonces sería contradictorio restarle importancia al aspecto sexual y como el mismo unifica en cierto punto al hombre, enmarcado en distintas finalidades. Algunas quizás reproductivos o por elección libre sin consecuencias (de darse el caso del mero contacto), pero sea cual sea el caso, y sin ánimos de resumir y reducir al hombre a un simple elemento sexual, sí quiero destacar que muchas veces es movido por este primitivo y binario deseo siendo presa del mismo.

       Individuos valiéndose de este recurso han escalado posiciones, han calado en tribus urbanas, han sido reconocidos o se han planteado incluso como lideres, pues están conscientes de que ejercen cierto poder sobre otras personas más vulnerables gracias a la opción de “influenciar a...” por “medio de…”. No pretendo citar claros ejemplos de la historia para argumentar un punto que para mí es obvio. Sólo deseo saber en qué momento de la evolución humana y después de haber alcanzado infinidad de logros históricos nos quedamos tan primitivamente enganchados con un sistema de conexión tácito. 

Elegimos acompañantes, bien dicen los científicos, por la atracción que despiertan ciertas características físicas asociadas a patrones de reproducción. La permanencia de nuestras parejas, la felicidad compartida o el deseo de futuros encuentros viene mayormente presidido por la eficacia de los mismos. Otras cosas que antes eran los cimientos de futuras historias parecen carecer de importancia ante este recurso en ocasiones de género parcializado. Y es cuando reflexiono y digo… ¿A cuántas personas yo mantuve atada a mis hilos o cuántas veces yo fui el extremo de alguno ajeno?, ¿Cuándo inicié algún juego del que terminé siendo presa y no cazador? Cualquiera con sentido crítico debería preguntarse en algún momento cuando  usó este recurso, con qué finalidad y con qué regularidad. No para ser su propio juez y verdugo sino, para detenerse antes de ser consecuencia y no causa. 

                             

jueves, 13 de enero de 2011

No soy 2.0, sólo soy un humano con necesidades tecnológicas de avanzada...

      Mucho se podría decir de este tema, pues prácticamente nadie, por muy distante de considerarse 2.O desconoce el alcance de la tecnología como hilo conductor de nuestro universo inmediato, o en el mejor de los casos, como herramienta indiscutible de progreso en cualquiera de sus niveles. Ya sean los adultos mayores o contemporáneos, que pueden ahorrarse la cola para cancelar algún servicio, o la tarea de esperar en una larga fila para resolver un trámite bancario, con sólo dar un “click” (o solicitar que alguien más diestro lo de por ellos) tienen la tarea resulta y tiempo de sobra para las novelas u otros oficios gracias a la magia del internet y el tecleo inteligente.

Hasta en el caso contrario, los más jóvenes, consiguen también una oportunidad en la red para resolver sus trámites, posiblemente perfilados hacia otros intereses como: empequeñecer kilómetros, seguir a sus artistas favoritos o en otro casos, conocer personas similares o diferentes, pero, que de igual manera, se convertirán en algún punto de la historia en figuras tan o más importantes que las verdaderas pertenecientes a esa vida cada vez es menos real y más virtual, campo en que las nuevas generaciones se desarrollan enfáticamente. Todos y cada uno, sin distingo, disfrutamos de este recurso que marca un antes y un después en lo que a conexiones respecta pero no desde un mismo paradigma, por así decirlo.

Mi historia no es tan entretenida, no logré en mi adolescencia conseguir novio por este recurso, tampoco lo busqué, (pues en la vida real o virtual soy igual de compleja y un poco rebuscada) o quizás si lo hice, pero, mi mente suprimió el recuerdo ante los posibles resultados. En fin, lo que de  seguro sí obtuve fue amistades que hoy en día incluso conservo y recuerdo. Está demás decir, o en este caso, escribir, que para hablar de determinados temas es necesario tener la experiencia que recree un concepto inteligente de las mismas (sin presumir que el mío lo sea). Por consiguiente, al ser usuaria de este sistema, varios interrogantes vinieron a mi al analizar este punto con una perspectiva un poco más adulta y con conciencia generacional. El internet surge estando yo aún niña, era evidente que cambiaría la vida de todos, era sencillo codearse con un implemento tan tentador. Pero, en paralelo a su uso académico, recuerdo como compañeras nos reuníamos en la sala de computación para poder abrir salas de chat, o revisar páginas (de esas cosas que le interesan a uno a esa edad) y encontrar un uso más poderoso para el internet que el mero alcance letrado, me refiero, al de conocer personas.

En vista de todo esto, un par de preguntas surgieron…
1.     ¿Dónde quedó esa popular frase que nos inculcaron cuando niños que citaba “No hables con extraños”?.
2.    ¿Dónde se desvanecía el riesgo de tratar con algún desconocido, superado por el afán de comunicarse con otras personas cuando, muchas veces, no se sabía si los datos suministrados eran ciertos?
3.    ¿De dónde surgía el valor para concretar citas y encontrarse, cuando hoy por hoy, para llegar a ese punto con un conocido se considera dos veces?
4.    ¿De dónde surgía esa dinámica casi natural de pasar de desconocidos, a seudo-amigos, luego a casi amigos personales y en el caso de unos cuantos a algo más concreto. A caso el decir “lo conocí por internet” no ameritaba una crítica ya sea social o emocional a tan efímero evento?
5.    ¿De dónde salía la confianza para suministrar datos, fotos o algún tipo de información comprometedora a alguien que no sabrías a ciencia cierta que pudiera hacer con ello?
6.    ¿En qué punto el consultar libros o textos impresos de esos que hoy por hoy almacenan polvo en miles de estanterías perdió casi total importancia?

Y un poco más contemporáneo…

7.    ¿Cómo se ha hecho tan común el entendernos con personas ajenas a nuestra realidad y encontrar placer y reconocimiento cuando nos expresamos de determinados temas, logrando empatía y proyección por ser simplemente quienes somos, pero, en algunos casos, no pretendemos ser en contextos más auténticos?

No pretendo ser fatalista, solo intenté recuperar varios eventos algunos vividos u otros conocidos por referencias, donde tampoco todos los resultados han sido negativos. Se de muchas personas que han concretado empleos, oportunidades de estudio e incluso parejas por medio de las redes sociales u otros elementos de este orden. Lo que podría entonces significar que, el internet, desde su concepción más pura, realmente ayuda a las personas solo que cada una tiene distintas demandas y claro está, sus respectivos riesgos.

Más que una brecha generacional, o “cosas de muchachos” nos enfrentamos a una realidad donde adultos invierten tanto tiempo como los jóvenes en conectarse y gozar de estos recursos tecnológicos, haciéndolo desde el trabajo, hogar y sus propios dispositivos móviles en los que invierten dinero y sudor (literalmente) para mantener a salvo. Lo que me hace pensar, que no es cuestión de generación como tal sino, cuestión de intereses que si bien es cierto pueden variar según el momento cronológico que se viva. Si eres joven buscarás quizás oportunidades de conocer y conquistar, si eres adulto pues de laborar o estudiar, de mantener el contacto con viejos amigos y, por qué no, de tropezar con alguien que no descarte crear historias de la nada o también, desde una perspectiva más estable, con adultos mayores que contactan a sus familiares manteniendo un empalme más fraternal con sus consanguíneos y con la prensa diaria que los ayuda a mantener un relación con el mundo cambiante. En fin, podría considerarse el internet como una gran tienda donde cada usuario adquiere lo que necesita y además paga por ello, aferrado a resultados contundentes de acuerdo a su búsqueda.

Todos en cierta forma, somos más 2.0 de lo que creemos. Podemos mantener contacto con nuestros pares, transferir fotos, realizar trabajos que luego enviamos a correos, compartimos chistes, solventamos el pago de facturas, tweetemos miles de cosas, compartimos en foros, en chats, en conversaciones cotidianas, seguimos noticias, figuras públicas, escuchamos música, vemos películas, grabamos cds al mejor estilo de un comerciante informal (y hasta dibujamos la portada), vemos imágenes directas de la Nasa, nos convertimos en Trending Topics y diseñamos láminas en powerpoint para defendernos académicamente. Si eso no es evolución, si eso no nos hace merecedores aunque sea de un aplauso de nuestro profesor del Liceo que nos encaminó en computación o mecanografía, pues no se que estamos haciendo… Ud. Sí?

                                                  

Yo soy de esas…

Entre mujeres son muchos los códigos universales que compartimos, pero sin duda, hay fuertes lazos, casi como herencia genética, que nos unen o nos separan protocolarmente hablando. Haciendo un análisis de esta idea casi holística de nuestra existencia una frase retumbó en mi cerebro. Quizás fue la lluvia y la taza de café que como buena dupla suelen ponerme profunda y suspicaz ó el mensaje de una amiga que hace tiempo no escribía y misteriosamente, decidió empequeñecer las distancias para ponernos al día, escogiendo como punto de partida una de esas frases que deberían estar presas; La misma cita, (atención ha quienes lean, respiren, piensen en espacios abiertos, siéntanse seguros… Ok, vamos…) “¿Cómo está tú vida amorosa?”. Sea cual sea el caso, toda mi atención se enfocó en esa pregunta de cinco palabras, pequeñas oraciones de sujeto, verbo y complemento que pesan en el oído y el cerebro por ser obligatoriamente un pase directo a rincones de nuestra vida clausurados por falta de presupuesto, materiales o protagonistas.
         
      Muchas reacciones probablemente vendrán como consecuencia directa, una especie de caja de pandora se abrirá trayendo consigo miles de recuerdos buenos, malos y hasta regulares que rápidamente pasearan ante nuestra vista para poder dar una especie de veredicto que encaje con el momento y más aún con nuestra expresiva mirada que casi sentencia la absurda necesidad de los demás por curiosear la vida ajena. Porque sin duda, para mí, esa clase de preguntas solo persiguen enterarse de tus oscuros secretos para evaluar los propios y luego analizar que tan bienaventurada o bienjodida se ha sido.
         
      Lo cumbre de esto es que yo soy de esas, de las mujeres arrechas de este país, las que trabajan muchas horas, las que dicen mucho “sí” y poco “no” porque les encantan los aplausos laborales, de esas que hacen oficios escasos para recordar a que género pertenecen y que en algún momento de la historia, ese cromosoma tuvo como perímetro cuatro hornillas de una cocina a gas. Yo soy de esas que por muy complicado que esté su día va a la peluquería a someterse a castigos corporales para estar de punta en blanco, adolorida pero digna, para ir por unos tragos que ella misma se paga y para compartir con otras amigas igual de exitosas pero asquerosamente solteras. En resumen, yo soy de esas que no tienen una respuesta puntual ante esa pregunta, y, como si fuera poco, al escucharla se activa de la nada una alarma que me obliga a dar una explicación detallada y segura del porque no puedo responder simplonamente, ah, es que también soy de esas, de las que le gusta tener argumento para todo y ser tan clara y especifica en mis diálogos para que no quede duda alguna ante mi audiencia de que tengo control total de mi vida y de mis hombres.  
         
      Cuando se es así, tan yo, difícilmente un “bien” o un “regular” son suficientes. Pero, más allá de eso, lo curioso es que mi vida amorosa es un completo enigma, no va del todo bien, o del todo mal, o en el mejor caso regular. Mi vida amorosa va y viene casi como los protagonistas breves que la encabezan, probablemente me han bombardeado con estas cinco palabritas en momentos difíciles donde ni yo misma se exactamente en que ando. Es que mi vida amorosa es un misterio porque mis hombres son un total acertijo, de esos que parecen tantas cosas pero luego terminan no siendo nada, de esos que se plantean comprometidos pero luego lanzan al mejor estilo de Las Vegas una bomba de humo gigantesca que no me deja ni darle las gracias por los favores concedidos, o de esos que ofrecen estrellas y castillos como príncipes azules pero se marchitan con el tiempo y la espera.
         
      Dada la situación, y consciente de que no soy un ser humano sencillo, busqué redefinir un poco el concepto, para tratar de crear un calificativo que pudiese concretar mis travesías inconclusas y que automáticamente me autocensurara de los detalles de mi discurso. Y como se que la pregunta seguirá existiendo pues alguna salida democrática y lógica debe existir. ¿Cómo está mi situación amorosa? Pues, ella está como la vida misma, con altas y bajas, con aciertos y desaciertos, con protagonistas y dobles, con escenografías y exteriores. Mi vida amorosa está en una sola palabra “sobreviviendo”… Si eso no es suficiente para limitar la conversa y los detalles, puedo hacer un gesto noble que acompañe mi idea, o simplemente, hablar del calentamiento global y salir airosa de ese nefasto diálogo femenino. Ahora si me preguntas por el empleo el cuento es otro… Les recuerdo que soy de esas mujeres “arrechas” que se concentran en cosas productivas y de recompensa segura. Pero como a pocos les importa saber generalidades me limitaré a la idea original, mientras mi vida y yo sobrevivimos a los interrogatorios y a los castings en busca del idóneo que se acerque a la respuesta, al popular “está bien” que, a fin de cuentas, todas por muy fabulosas y autosuficientes que seamos queremos decir en alguna reunión como respuesta natural... Y seamos honestos, sería un cuento interesante al menos para presumir ante las curiosas pues el género en ocasiones, se enfoca en los triunfos amorosos más que cualquier otro aspecto. Un enorme compromiso sin duda para las mujeres que carecen de ellos… Al menos por ahora.


                                                     

viernes, 17 de diciembre de 2010

Encuentro...

Como gotas de lluvia predestinadas a caer,
tu realidad y la mía debían entrelazarse.
Como un trazo en el lienzo pasó tú vida en mi vida.
Noches y días respirando para luego morir.

Imaginé con temor un día un sol brillante.
Arriesgada fui al recrearte en mis posibles mundos,
pero sin razón y sin por que eras el dueño
de mi imaginario y binario común.

Lo hiciste posible con tú fuego en mi ceniza,
juego peligroso de poner a arder fantasías.
Sonaste la puerta sin despedida y
dejaste un rastro de lirios marchitos
en tú tránsito etéreo.   

Culpa inminente invadió mi género,
recapitulaciones de lo ocurrido para
justificar la pérdida y entender las
fallas que quebraron los caminos.

Este tiempo no es tuyo ni mío…
Despídete lentamente y prometamos
a la brisa un encuentro entre galaxias
para disminuir la distancia.  

Juremos que no puede ser 
más lamentable que lo vivido... 
Respiremos consuelo en letras.
No retemos al antagónico destino.




                                      

domingo, 5 de diciembre de 2010

Despedida sin texto...

Cuando la quietud se apropia de los espacios compartidos
y los brazos se fatigan del peso ajeno, es el momento del deshielo. 
Cuando pequeñas gotas de luz se fermentan en las ventanas,
movimientos de hojas en vuelo se apoderan de la realidad.
Poco a poco me desintegro en pequeños trozos, para no 
hacerme sentir en ningún pliego de las sábanas desgastadas. 

Una puntilla tras otra, una postura casi animal, una recolecta furtiva. 
Pieza a pieza se busca juntar, piezas que cubren la decencia ya perdida.
Última mirada al campo de batalla, ejercitando la vista periférica;
como buen soldado no olvidaré la lucha, pero sí entregaré las armas,
para no volver a estas líneas enemigas, llenas de pólvora y púas.   

Pequeño movimiento irrumpe con la retirada, pronto reflejo de pérdida. 
Bajo la mirada, los hombros y la espalda al verme descubierta. 
Silencio molesto que espera diálogo y explicaciones errantes. 
Se escapa un aplauso ante mis maromas cautivas y circenses,
una sentencia letal firmada por las retinas y el giro del desprecio. 
Algo derrotada doy un paso atrás al no creer en los regresos,
tú das dos adelante por creer en los finales felices de cuentos. 

Las cintas de clausura aparecieron tras sonar la puerta,
todo ya estaba dicho; las palabras sobraron cuando el escenario
habló con sus tablas y huellas viejas. Aguardé unos minutos en el portal
esperando ser rescatada del vacío y la soledad, a penas escuché los pasos
que se encaminaban con cierto temor hacia mi sombra, decidí por ambos
hacia donde irían los rieles y hacia donde iría el choque de las almas rotas. 
Decidí salvarme y salvarte y evitar funerales de tumbas compartidas con
coronas de lirios, colores marchitos y una eternidad sumamente larga.

La vida, sus colores, matices y personajes nos colocan
en calendarios a placer. Es necesario ser asertivo y suspicaz
para sobrevivir a los cambios pero, en ocasiones, me dejo
eminentemente vencer por el radicalismo que transforma los
momentos de vida en pequeñas muertes memorables.
Nacer o morir ya no es antagónico. Unos brazos más,
unos pies, un cuerpo, quizás dos, unas manos, unos codos
en todos lados aparecen. Hoy viví en los tuyos y anuncié con retirada mi muerte.

El recuerdo consumado de bajeza disfrutada
pesa más que explicaciones y citas en la almohada.
No despertaremos juntos ni abrazaremos la mañana,
no viviremos en castillos ni volaremos inclementes.
Somos terrenales, somos imperfectos, somos temor,
somos puntos suspensivos...  
Te deberé y me deberás un beso en la frente,
pero no será hoy que nos consolemos. 




                                                                

    

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Follow TephySerrano on Twitter



Contador web

Táctica y estrategia....

"Si no saben volar..."

"El lado oscuro del corazón", Mario Benedetti in Motion Type

METAMORFOSIS, POEMA VISUAL

Besos - Gabriela Mistral, voz de Pepe Sarmiento

Aquella que adornaba la esquina....

Siempre altiva y decidida hacía sonar sus pasos por la acera fría...
Ajustadas telas a su forma que le restaba circulación pero le sumaba vistosidad. Campanas adornaban sus palabras pues agitaba 
mucho las manos, oradora reconocida, equilibrio mordaz de gracia y vulgaridad...


Aprendió a usar su boca y no solamente para hablar o perdonar.
Quizás fueron los gritos y los vidrios rotos que adornaron su niñez,
o el toque desconsiderado de una mano vigorosa e inmensa sobre su piel...
Pero creció sabiendo cual era su destino, al punto de negarse a recibir el bautismo.


"¿Para qué limpiarme de pecado si yo provengo del mismo? 
haré del pecar un arte, haré del pecar un vicio divino y lucraré 
complaciendo a quien requiera y mantenga el tiempo conmigo". 
Con ese credo horrorizó mil veces a su abuela quien murió 
no solo de dolor si no también de sordera pues prefirió negarse 
a escuchar tal reducto y se hizo de la vista gorda hasta que dejó
este mundo. 


Sola se fundió con la vida y sobrevivió las pruebas mordaces de la misma. 
Un patrón repetido de hombres dominantes marcaron su vida 
con palabras y golpes como ella decía que bien merecía. 
Así los escogía, dominantes y vengativos, esos que por madres tienen un verdugo y luego al crecer albergan tanta pena que se desquitan con cualquier mujer sea dama o ramera. 


Aunque se decía independiente y se contoneaba al 
caminar como ninguna, siempre en rincones lloraba sola 
y drenaba su pena salada con marcas profundas. 
No le temía a la sangre, pues siempre la vio desde niña. 
Un corte aquí uno allá penitencia sin cura alivio y agujas. 


Se levantaba y seguía sonando sus altos tacones rojos por la esquina, lanzando besos al vacío, esperando que un príncipe de lata oxidado y dominante se la llevara a casa y la hiciera sentir importante. 
Dejó de vivir para sobrevivir, actúo por inercia para resistir, se inventó acrobacias para sobresalir.


"Más paga más vicio porque Dios así lo quiso" 
pregonaba victoriosa sosteniendo unos pocos billetes.
Que costosa es la vida de la que por dinero se reinventa 
y dice "te amo" a extraños que solo firman su sentencia, 
pues bien sabe que un día le va a tocar su hora y se marchará
a una mejor vida pero probablemente sin gloria. 
Todos los días ora porque una mano se la lleve hasta arriba 
y la adorne con unas alas y una coronita. 


Que le digan te perdono, ya todo ha pasado duerme tranquila 
el descanso a llegado... Guinda los tacones rojos que aquí 
caminarás descalza. Mujer de saldo y esquina aquí serás
bautizada y te pondremos por nombre la gran María Dolores 
que se tiró a tantos hombres en busca de sobrevivir 
en un mundo podrido de olvido y oxido por unos billetes casi rotos
que solo alcanzaron para esos letales y famosos tacones rojos... 




                                                                 

Dos horas llamadas vida...

Aquellas cuatro paredes casi totalmente oscuras
solo dejaban filtrar un hilo dorado de luz...
Algunos sonidos de la noche se hicieron sentir,
para recordarnos que aún no hemos partido.
Tumbada sin pesar y emancipada de prejuicios
me adueñé del lado izquierdo de aquel perímetro bendito.
Cosas curiosas las que hace uno por mantener la pequeña paz
pues en el lado derecho suelo anclarme normalmente.
Pero valió la pena ceder el breve espacio que llenaste desmedido. 


El poder de las miradas siempre demanda reconocimiento,
iris perfecto y expresivo en el que podría perderme sin retorno. 
No hizo falta la luz clara para detallarte....Para conocerte,
mis manos memorizaron a la perfección tus surcos y formas.
Pactos sellados con besos en la frente distantes de amor físico,
frases susurradas labio a labio como paso de brisa de Abril.
Perfectos somos y solo pasaron dos horas, me reconociste, te reconocí.
Te sujete muy fuerte para no perderte, apenas llegabas y te sentía mío.
No me dejes gritaban mis huesos que te sujetaban con fuerza...
Pero más se aferraba el alma que no aguantaba otra posible pena. 


Eras mío...Yo fui tuya por el hecho de estar respirando el mismo aire.
Aún cubierta de pies a cabezas me sentía tan desnuda tan vivida...
cada caricia era un idilio simétrico. Cada beso, cada juramento eran recompensa. Sentí que la vida hizo mella, que me escuchó finalmente.  
Un latido tras otro y los botones intactos tú sombra y la mía una sola.
Una pieza diseñada justamente para encajar en la otra...Un círculo perfecto.
Bendita risa, bendito amor que se apresuró a esparcirse en el aire...
Bendito tú y bendita yo que creamos metamorfosis desde el alma ardiente. 


La inminente realidad hizo sonar sus pasos. Llegó sin ser invitada,
llegó rígida la muy maldita riéndose desde el pasillo y arrastrando cadenas.
Entendí que quedaba poco tiempo, que debías seguir y yo esperarte.
Solo quise hacerme inolvidable, solo quise hacerme necesaria, solo quise...
Te separaste encuentro perfecto, terminaste antes de tiempo.
Siguió la oscuridad sin ti y sin mí y el hilo de luz ahorcó la fantasía.
No te vi de nuevo solo te recreé en mis ausencias...Te fuiste humo gris.
Pero  no cambio cada gramo de arena que corrió en el reloj de la vida...
Si solo pude vivir un día, pues declaro eternidad ese breve momento.