Despídete esta
noche con un beso de esos que al principio coronabas en mi frente. Al principio
cuando amabas todo de mi y me extrañabas por las noches…Te invito a que te
acerques cuando la luna te pueda guardar el secreto; para que nadie crea que
fuimos débiles ante los cristales rotos. Respírame por última vez y consérvalo en
frascos que resistan las ocho horas para que puedas así encontrarme en todo y a
la vez en nada, tal y como te gusta. Déjame una nota en aquel libro que
conserva la gerbera, inmortalízame en el ”hasta nunca” que ya deja ver su
sombra cercana. Quería kilómetros de ausencia, Dios sabe que lo pedí…Pero el
diablo dijo “amén” mucho antes de que yo tuviese el valor para sellar la
sentencia que esconde la sanidad que pospongo hace semanas para retener con la
mente lo que por voluntad dejé ir con ambas manos. El adiós nunca fue tan real,
tan nuestro… El adiós responsable de los principios.
Nosotros humanos de turno, emprendemos a lo largo de nuestra vida una búsqueda infinita por el equilibrio como sinónimo de paz. Algunos con métodos más ortodoxos que otros pero de igual manera predestinados a transitar un camino desconocido pero necesario.Yo siempre escogí a la palabra, bajo cualquier disfraz, bajo cualquier luz. Este espacio brinda una pequeña ventana a mi mundo...
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lunes, 30 de abril de 2012
jueves, 19 de abril de 2012
Reversa Emocional…
Lloro aunque con
ello nada resuelva.
Es una forma
masoquista de conservar tu recuerdo
así el mismo me
fracture el alma.
Te pienso porque
la nostalgia juega en mi contra…
El ir y devenir
de mi seudohumor no quiere más caretas teatrales
que oculten los
vidrios rotos de lo que fui y ya no seré.
Suspiro a diario
porque es el único alivio que
conseguí ante mis
preguntas sin respuestas;
porque con cada
inhalación te mantengo a mi lado
y con cada exhalación
entrego un poco de ti
hasta que un día
ya nada quede…
No puedo odiarte;
el odio es amor podrido
y el mío apenas se
está marchitando con el cambio de estación…
Recapitulando...
El tiempo va
pasando y cambia todo lo que orbita a su paso…
Aunque sin duda,
la palabra “cambio” es una de esas cosas
que se torna tan
relativa que podría confundirse con estaciones del año.
Lo innegable es
que ya no soy aquella que antes fui para poder así ser juntos…
Atrás quedó el
temor a perder tu hilo que me clavaba al centro de la tierra.
Empiezas a
escasear en las cosas que veo; tu olor no perfuma la brisa
ni tus besos
remplazan el desayuno que en ocasiones olvido comer.
Ya tu sombra no
coexiste conmigo y tu alma debió retozar con tu cuerpo
desde aquel día
que abandonaste el lado izquierdo de mi cama.
sábado, 25 de febrero de 2012
Amor y Sexo...
El amor y el sexo
solo tienen de similitud
las cuatro letras
que lo conforman…
El amor es una
energía perenne
que escapa de
cualquier ecuación.
Es el eslabón más
alto en la búsqueda eterna
de justificar tu
existencia mientras recreas
la órbita
perfecta del que sabe volar.
El sexo es un
intercambio sin agradecimiento.
Estás
desempeñando un rol de préstamo
que solo
practicas en escenarios independientes.
Con suerte
recibirás un par de aplausos
y una llamada al
día siguiente de consolación.
El amor es la
risa entrelazada con el silencio
que solo se
siente entre gemidos y miradas
que no se
apaciguan en el deseo constante
de hacerse uno
con la luna y extraviarse con el sol…
El amor es la
excusa perfecta para no
levantarse un
domingo de la cama.
El sexo es el
protocolo constante de jugar
a estar
disponible con la mente pero sentirte
ausente con el
alma…
Es la danza
dispareja de soñar que en un futuro
no cabalgas con
un itinerante sino, por el contrario,
navegas con la
otra mitad que te ofrecieron llegaría.
El amor es poesía
combinada con vino blanco…
Es confiar que
todo puede mejorar con aferrarse
a sus caderas y
besar sus tatuajes llenos de historia.
Es la garantía de
que a poca luz aún tus huellas
siguen conociendo
el camino de llegada.
El sexo es el
único recurso que queda
para jugar con el
tiempo que avanza a la inversa.
Es el nudo que
interrumpe la textura lisa
de la cuerda que
lanzo, con la esperanza de que tu añoranza
y recuerdo de mi
jueguen a seguirla como un gato a la luz…
Prefiero vivir en
las cuatro letras del amor
y no en las
cuatro paredes del sexo.


sábado, 14 de enero de 2012
Retomando...
Ropa segregada en el suelo como pequeños continentes de tela,
vasos a medio
tomar…Una botella sin licor testigo de los ademanes de la noche.
Un silencio
imperial enmarcado en una pequeña ventana que filtra un poco de cielo.
No concibo un
mejor lugar para que tu cuerpo y el mío se amolden al nuevo día.
Temprano me
levanto por esa adultez que finge siempre tener algo que hacer
así sea domingo,
así sean vacaciones, así solo quiera envejecer contigo
en las sábanas. Y
estás ahí… Silencioso, inmóvil, combinado
tu piel de tinta
con el lienzo floreado de tela. Puedo pasar inviernos
detallando tus formas,
puedo mudarme al lado derecho de la cama
solo por el
placer de asumir, en forma de valor agregado,
el dogma de
levantarte con besos y caricias ansiosas de contacto.
De llenarte de
huellas y planes compartidos.
No siempre sabía
que hacía… Si colocaba mucha sal, si faltaba cocción, si lucía como
en la televisión
o esas revistas que nunca llegue a comprar. (Es que prefiero el ensayo
y error que puede
brindar un sartén dañado por un experimento de caramelizar azúcar.)
Pero una especie
de deseo constante por hacer nudos en los cordeles de tu memoria
con pequeñas
pinceladas de cotidianidad comandaban esa misión generacional de ser
así sea por un
rato la compañía de tu yin, la mujer de las fotos en la sala…La del café.
Verte arreglar a
contra luz con la rapidez de un marino americano era un gusto,
yo me perdía
entre zapatos, maquillaje, corazones y suspiros largos como tu espera.
Salir de la mano
por la misma calle, sentir el frío antitropical que secaba la cara
y la parada
obligada por algún insumo era el crucigrama del ahorror en esos días
de risa y letras.
No recuerdo haber sacado tantas cuentas en mi vida o tener por
responsabilidad
asumida una distribución impecable de banco suizo en los bolsillos,
pero eso no lo
sabías ni yo quería contarlo. Se me daba bien el papel y me sentía de
ayuda…
mano rastreando la
tuya para entrelazarse mientras la mirada se perdía entre cuentos
que decoraban las
paredes perfectamente mantenidas a pesar del paso permanente.
“Yo podría hacer
esto a diario” pensaba mientras el coche se dividía en trozos por la
estación en
curvas que advertían con ese acento que no logré adquirir.
Tu mirada siempre
vaga, raras veces ves al piso para caminar y respiras a un ritmo
de marcapasos, de
esos aparaticos que colocan sobre los pianos y que luego vimos
en el museo donde
pasamos la tarde (ese en el que solo me gustaron siete cuadros).
Luces siempre
guapo… Te veo tanto, te detallo en la distancia casi con el encanto con
que veía aquel
Dalí de las judías en el plato y teléfono es su norte. Me encantas…
El cansancio poco
importaba a la hora de recorrer y atesorar momentos para ambos.
Estamos ahí, por
fin juntos. Eras tu, era yo y nadie más. Podíamos andar de la mano,
sostenerte con
fuerza y besarte con pasión. Todos nos guardarían el secreto…
¿Habrás notado
que era feliz y que solo tenía cosas para agredecer?
¿Habrás sentido
que te abrazaba con los ojos cerrados para conservar el momento?
El tiempo se
detuvo en aquella plaza… Aún le debemos monedas a la fuente.
Volvimos de un
día que entregaba las horas sin ningún tipo de amparo considerado.
El tiempo pasaba
tan rápido que hacía oídos sordos a mi petición de rendición…
No es nuestra
casa, no es tu casa pero, el estar juntos en ese perímetro reducido
era sin duda la
mejor forma de bajar el telón de la jornada. Cenar, besarte un poco,
ser cotidianos
como cualquier persona. Un baño, una conversación, unir las mitades
para crear un
espacio que pudiese invadir con la petición constante de que me cubrieras
con abrazos.
Conversas
interminables, tus ojos cansados pero tu boca dispuesta a seguir…
Que placer verte
caer fatigoso, que recuerdo verte dibujando sombras con mi luz.
¿Sabes lo que
estás haciendo a mi vida y mi mente? Creas dependencia a
tu ritmo calmado,
a tus manos colmadas de experiencia, a
tus besos de menta.
Siempre supe que
no dormiría igual una vez que partiera, siempre supe que
solo una parte de
mi renunciaría a esa rutina perfecta de ser uno porque es
mucho mejor que ser
dos… Sostenme como aquella última noche, veme a los
ojos como en ese
momento en que juntos vimos el fin del nuevo comienzo.
Aquí te espero
porque es ya una nueva forma de vivir, aquí te imagino porque es
un recordatorio
constante de tu figura en mi después… Aquí te sueño para hacerlo
posible.
jueves, 2 de junio de 2011
Lepidoptera.
Yo alguna vez debí sentir mariposas libres en el estómago.
De esas que están ahí sin necesitar de razones para pagar su estadía,
eran aquellas diminutas las que indicaban que ya la existencia era más compleja
pues sensorialmente percibíamos al mundo como la página de un buen libro.
Con el tiempo algunas emigraron, seguramente por el frío invierno en mis paredes.
No han regresado aún aquellas libres mariposas, ya no chocan en mí sus alas,
humildes y nobles envían remplazo para asegurarse que no marchite vacía y
hueca pero, aún, no he logrado cumplirles siendo quien permite que se escapen
por las rejas abiertas de mi voluntad gastada y repleta de finos barrotes.
Hay momentos en que me alimento de suspiros y trago nubes con formas,
se que hay algo aún intentando agitarse pero inminentemente caen sin éxito.
En casos más afortunados se marcan en la piel las huellas de las polillas, una
versión monocromática ante los monólogos de mi conciencia de matices ya grises.
Siempre creo que volverán las libres alas dispuestas en pares, pero luego,
en silencio entiendo que nunca serán libres pues ya las razones son disolventes.
Las próximas serán del color que escoja, de peso necesario para sentirse pero,
también ligeras para mudarse en cuanto la cosa se haga utópica. Esa emoción
eterna ante lo desconocido se refriega en el agua sucia de las experiencias
previas que nos condicionan como murallas altas para soportar algunos golpes.
Ahora que lo pienso nunca me gustaron las mariposas, siempre temí por ese
polvo que sueltan en su vuelo, de pequeña creía que causaba ceguera crónica,
Quizás desde que nací o antes, ya genéticamente me prepararon para temer no
solo al animal sino a lo que ellas significan en una sociedad ansiosa de metáforas.
Yo no quiero mariposas… Yo quiero golondrinas que picoteen las entrañas donde
el verdadero amor se aloja, ese que sale de tan profundo que aunque pase el
tiempo no emigra ni se fuga, no se evapora ni se vuela, Ese que no requiere de
colores o alas en pares, ese que nos recuerda que estamos vivos entre pequeñas
muertes. Un amor de golondrinas que se alimente de letras y en donde las plumas
cosquilleen la conciencia por minutos perdidas y donde las alas torpes se
tropiecen por el espacio limitado, pero, que en conjunto con mi itinerante
esperanza convivan hasta compartir el lecho. Eso quiero para mi, egoísta como
siempre.
miércoles, 20 de abril de 2011
Más allá del olvido
Alguna vez de un costado de la luna
verás caer los besos que brillan en mí
las sombras sonreirán altivas
luciendo el secreto que gime vagando
vendrán las hojas impávidas que
algún día fueron lo que mis ojos
vendrán las mustias fragancias que
innatas descendieron del alado son
vendrán las rojas alegrías que
burbujean intensas en el sol que
redondea las armonías equidistantes en
el humo danzante de la pipa de mi amor
verás caer los besos que brillan en mí
las sombras sonreirán altivas
luciendo el secreto que gime vagando
vendrán las hojas impávidas que
algún día fueron lo que mis ojos
vendrán las mustias fragancias que
innatas descendieron del alado son
vendrán las rojas alegrías que
burbujean intensas en el sol que
redondea las armonías equidistantes en
el humo danzante de la pipa de mi amor
Alejandra Pizarnik
viernes, 15 de abril de 2011
No todo es lo que parece, y lo que parece, ni siquiera tiene ganas de ser como algo más…
Al igual que aquellos zapatos altos de tacón de aguja, aquellos que compré por la forma que le daban a mis piernas. Las mismas que caminan a diario en zapatos tan planos como la mente de algunos, que pisan incluso más firme pero sin la gracia seguramente de aquellos entes rojos de tortura. De igual forma aquel perfume finamente combinado, ese que uso en las mañanas y me da repentina alergia, al parecer es muy fuerte o yo soy muy débil, el mismo de forma estética me pareció una propuesta distinta para los sentidos, un sello personal más interesante. Pero en el proceso, se que formará parte de la colección de alguien más, porque su gracia europea, que me refuerza mi teoría de pertenecer al continente equivocado, en esta ocasión no va con la mía. El existe para adornar el cuello, la muñeca y las noches de alguien menos sensitivo. Desde la mesa de noche me mira un elegante libro, uno de letras brillantes y contenido denso y vibrante, dos características fundamentales para quedarse en el o en quien las posea, algunas de sus páginas dobladas me hacen sentir culpable, una fina capa casi imperceptible de polvo me recuerda mi preferencia en este momento por otras tramas…Pero en algún punto lo encontré majestuoso, algo me hizo verlo entre tantos, lamentable, que rápido perdió su brillo, que responsable soy por darle falsas esperanzas. Tengo un cementerio de decisiones inconclusas, un mar de objetos sin otro dueño que no sea yo y mi empatía con lo inanimado, con su olor, texturas y sombras. Me rodeo de inicios que culminan en medios y no en finales, al profundizar en mi capacidad de almacenar lo innecesario y darle un valor crucial a cosas que existen porque lo decido y no por su utilidad entiendo el porque estás en la esquina de mi vida llevando polvo…
viernes, 4 de marzo de 2011
Secuencia numérica de la seudoalma…
Una, dos, tres gotas.
Café para el alma y el cuerpo,
poco en este punto me agota
tú insólita manera de caer.
Cuatro, cinco, seis pliegues.
Una anécdota más de juventud,
se requiere de indiferencia e ignorancia,
hoy nadie estará esperando tras la puerta.
Siete, ocho y nueve pétalos
con un discurso elaborado de soledad.
Preguntas al viento cuando calla,
la respuesta ya no se lee entre líneas.
Diez las razones por las que aún espero
tú sombra inerte sobre mi espacio.
Natural secuencia de eventos
que juegan con la voluntad.
martes, 30 de noviembre de 2010
Tú ausencia es mi tinta...
Si mi deseo descansa en tus labios…
Si mis anhelos reposan en tú pecho,
por qué siento este enorme espacio
En el lado izquierdo de mi cama?
Si la brisa fría se topa conmigo
secando a su paso una lágrima caída
dónde está tú sombra cubriendo mi espalda?
Dónde está la promesa del después?...
Del mañana.
Este hábito mío de creer en utopías
va dejando onda huella en mi verbo.
Esta costumbre de soñar contigo,
de ponerte rasgos y rostro se transforma,
evoluciona, se incrementa en sentencia.
Es juez, es verdugo, es ilusión intermitente.
Qué gano yo soñándote, esperándote.
Limpiando mi mente, desempolvando mi alma.
Comparando mis ofertas con tus demandas…
Recorriendo la vida con marcos en mano,
buscando congelar momentos, pintando imágenes.
Quizás esas páginas inconclusas del libro de mi aquí,
sin esta espera torpe y casi adolescente no tendría sentido,
no tendría tinta…No tendría un por qué.
Tú ausencia innecesaria es argumento para cuestionarme,
mientras espero sentada bebiéndome a un lado de la calle,
con los brazos extendidos y la mirada color esperanza.
Recreando la mirada de algunos ajenos que señalan...
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