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jueves, 19 de abril de 2012

El peso de un recuerdo...


Estar en público y tener que callar
Estar sola y tener que callar
Estar sin ti y tener que callar
Estar para ti y tener que callar…

Aguardar la espera sin desesperar,
cuantificar tu recuerdo para sobrevivir.
Tener fe en lo cierto para no traicionar
tu viva imagen que se reinventa en mi.
                                   

                                                 

lunes, 14 de febrero de 2011

Decálogo del agradecimiento dirigido a los hombres de mi vida…

Gracias:
    1. A ti que me correspondiste cuando sentí, sin miedo alguno, el deseo de gritar lo más duro que pude “conseguí a alguien a quien querer tal y como es” (así el sentimiento no haya sido eterno). Así haya durado por horas, minutos o segundos yo experimenté la vida que da el querer sin reservas.
    2. A ti que a pesar de las diferencias y el contexto te diste la oportunidad tomándome de la mano de enfrentar todo para vivir en la locura.
    3. A ti que me hiciste sufrir, que me hiciste dudar, que me hiciste cuestionarme he incluso evaluarme ¡Gracias!. Cada lágrima me hizo fuerte, cada tropiezo me hizo levantar, cada herida me hizo aprender a sanar y cada dolor me dio la fuerza para perdonar.
    4. A ti que no llamaste de nuevo, que me tuviste al lado del teléfono infinitas horas atenta a un gesto de correspondencia después de aquella entrega. A ese que decidió no volver le agradezco que me ahorrara el tiempo, que me hiciera no perderlo en ilusiones vacías y que me hizo asimilar realidades porque no había más que ofrecer le debo mi actual claridad para evaluar y entregar.
    5. A ti que te fuiste con alguien que quería importándote poco cualquier parámetro de consideración y respeto, te debo, hoy por hoy, el poder de seleccionar mejor a quienes me rodean, he incluso te disculpo por no saber equilibrar deseo y sentimiento, no como gesto benevolente ante tú error si no, como placer humano de brindar paz.
    6. A ti que me tuviste como opción y nunca como prioridad. Que no luchaste si no solo ofreciste y muchas veces lo restante de tu vida te agradezco que hayas pasado por la mía. Me enseñaste sin saber como se debe tratar a las personas, pues no podría hacer a otros cosas que no me gustaría me retribuyeran. Por esa inconstancia ante mi sentir me dejaste ver lo que nunca quiero ser o hacer a quien me pretenda.
    7. A ti que solo piensas en mi en la distancia pero que en la realidad de un encuentro te faltan pantalones y vida para verme a los ojos te recuerdo que: “Las palabras el viento las aleja y sin acciones nada queda”. Considéralo como un consejo para que no tropieces con la misma piedra y puedas lograr sentirte el hombre que presumes pero que en realidad no existe.
    8. A ti que te ausentaste sin despedida mil gracias por ahorrarte palabras sin sentido que pudiesen haber complicado aquel momento carente de explicaciones válidas. Tú ausencia se hizo letra, se hizo arte y me invito a regocijarme en el placer de comunicar sin palabras, mi actual alimento de vida.
    9. A ti que aún no entiendes todo lo que significo, que no ves todo lo que soy o seré, que no te has percatado de lo bonito de mi estadía, de lo acertado de mi pasión gracias. Me has permitido recordarme mil veces todo lo que represento y saberme como soy me llena de plena dicha, pocos pueden presumir de eso.
    10. A ti que no has llegado aún pero llegarás, gracias por existir en el mismo momento y tiempo que yo lo hago. Gracias por reconocerme, valorarme, aceptarme y sentirme entre líneas. En especial agradezco que me recuerdes el hecho de que la espera valió la pena. 

                                                                          

jueves, 13 de enero de 2011

Yo soy de esas…

Entre mujeres son muchos los códigos universales que compartimos, pero sin duda, hay fuertes lazos, casi como herencia genética, que nos unen o nos separan protocolarmente hablando. Haciendo un análisis de esta idea casi holística de nuestra existencia una frase retumbó en mi cerebro. Quizás fue la lluvia y la taza de café que como buena dupla suelen ponerme profunda y suspicaz ó el mensaje de una amiga que hace tiempo no escribía y misteriosamente, decidió empequeñecer las distancias para ponernos al día, escogiendo como punto de partida una de esas frases que deberían estar presas; La misma cita, (atención ha quienes lean, respiren, piensen en espacios abiertos, siéntanse seguros… Ok, vamos…) “¿Cómo está tú vida amorosa?”. Sea cual sea el caso, toda mi atención se enfocó en esa pregunta de cinco palabras, pequeñas oraciones de sujeto, verbo y complemento que pesan en el oído y el cerebro por ser obligatoriamente un pase directo a rincones de nuestra vida clausurados por falta de presupuesto, materiales o protagonistas.
         
      Muchas reacciones probablemente vendrán como consecuencia directa, una especie de caja de pandora se abrirá trayendo consigo miles de recuerdos buenos, malos y hasta regulares que rápidamente pasearan ante nuestra vista para poder dar una especie de veredicto que encaje con el momento y más aún con nuestra expresiva mirada que casi sentencia la absurda necesidad de los demás por curiosear la vida ajena. Porque sin duda, para mí, esa clase de preguntas solo persiguen enterarse de tus oscuros secretos para evaluar los propios y luego analizar que tan bienaventurada o bienjodida se ha sido.
         
      Lo cumbre de esto es que yo soy de esas, de las mujeres arrechas de este país, las que trabajan muchas horas, las que dicen mucho “sí” y poco “no” porque les encantan los aplausos laborales, de esas que hacen oficios escasos para recordar a que género pertenecen y que en algún momento de la historia, ese cromosoma tuvo como perímetro cuatro hornillas de una cocina a gas. Yo soy de esas que por muy complicado que esté su día va a la peluquería a someterse a castigos corporales para estar de punta en blanco, adolorida pero digna, para ir por unos tragos que ella misma se paga y para compartir con otras amigas igual de exitosas pero asquerosamente solteras. En resumen, yo soy de esas que no tienen una respuesta puntual ante esa pregunta, y, como si fuera poco, al escucharla se activa de la nada una alarma que me obliga a dar una explicación detallada y segura del porque no puedo responder simplonamente, ah, es que también soy de esas, de las que le gusta tener argumento para todo y ser tan clara y especifica en mis diálogos para que no quede duda alguna ante mi audiencia de que tengo control total de mi vida y de mis hombres.  
         
      Cuando se es así, tan yo, difícilmente un “bien” o un “regular” son suficientes. Pero, más allá de eso, lo curioso es que mi vida amorosa es un completo enigma, no va del todo bien, o del todo mal, o en el mejor caso regular. Mi vida amorosa va y viene casi como los protagonistas breves que la encabezan, probablemente me han bombardeado con estas cinco palabritas en momentos difíciles donde ni yo misma se exactamente en que ando. Es que mi vida amorosa es un misterio porque mis hombres son un total acertijo, de esos que parecen tantas cosas pero luego terminan no siendo nada, de esos que se plantean comprometidos pero luego lanzan al mejor estilo de Las Vegas una bomba de humo gigantesca que no me deja ni darle las gracias por los favores concedidos, o de esos que ofrecen estrellas y castillos como príncipes azules pero se marchitan con el tiempo y la espera.
         
      Dada la situación, y consciente de que no soy un ser humano sencillo, busqué redefinir un poco el concepto, para tratar de crear un calificativo que pudiese concretar mis travesías inconclusas y que automáticamente me autocensurara de los detalles de mi discurso. Y como se que la pregunta seguirá existiendo pues alguna salida democrática y lógica debe existir. ¿Cómo está mi situación amorosa? Pues, ella está como la vida misma, con altas y bajas, con aciertos y desaciertos, con protagonistas y dobles, con escenografías y exteriores. Mi vida amorosa está en una sola palabra “sobreviviendo”… Si eso no es suficiente para limitar la conversa y los detalles, puedo hacer un gesto noble que acompañe mi idea, o simplemente, hablar del calentamiento global y salir airosa de ese nefasto diálogo femenino. Ahora si me preguntas por el empleo el cuento es otro… Les recuerdo que soy de esas mujeres “arrechas” que se concentran en cosas productivas y de recompensa segura. Pero como a pocos les importa saber generalidades me limitaré a la idea original, mientras mi vida y yo sobrevivimos a los interrogatorios y a los castings en busca del idóneo que se acerque a la respuesta, al popular “está bien” que, a fin de cuentas, todas por muy fabulosas y autosuficientes que seamos queremos decir en alguna reunión como respuesta natural... Y seamos honestos, sería un cuento interesante al menos para presumir ante las curiosas pues el género en ocasiones, se enfoca en los triunfos amorosos más que cualquier otro aspecto. Un enorme compromiso sin duda para las mujeres que carecen de ellos… Al menos por ahora.