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lunes, 23 de mayo de 2011

Somos imagen y semejanza de una suposición…

Nuestra naturaleza verdadera no proviene de Dios,
no somos ni seremos la promesa de un mundo nuevo
por el hecho de ser creyentes polifacéticos.
Las luchas que emprenderemos siempre serán egoístas
así las compartamos hombro a hombro y grito a grito.
¿Cuántos pechos golpeados al ritmo de letanías
adornan bancos de madera que rechinan por la hipocresía?
Tantos cánticos aprendidos que ni si quiera emergen afinados,
tanto sencillo de ese que nos sobra en cestas, tanto ritual
al ritmo de campanadas como si fuese este un patio de recreo.

Un símbolo de redención con cuatro puntas cardinales,
colocada en alguna pared que probablemente convine, fíjate,  
arrepentirse ante ella parece ser un modismo y no un sentir.
Supongo lo has notado, porque al igual que yo a pesar de estar
en aquel campo santo has criticado a tú prójimo. ¡Que vergüenza!
Da claustrofobia esa cabaña de una ventana y una entrada,
¿Son de madera para que retumben las confesiones?
¿Si fuesen de alabastro resbalarías las palabras?
No se debería escuchar a quien no camina por este suelo
manchado de cierto pecado y humanidad como cualquiera,
menos si te tutea desde una tela metálica como si se tratara
de un autoservicio, de esos impersonales porque no te ven a los ojos.
Yo con unas cervezas, si lo quisieras, podría exorcizar tu alma,
yo, que el único voto que he comprado a sido el de confiar
en mi instinto, lo único que considero soberanamente natural. 

                                                  
                         

sábado, 21 de mayo de 2011

Recomendación Musical


                                                                     

Sarah Jaffe, es una cantante y compositora de Texas cuya música folk-pop es toda una muestra de talento y sensibilidad. En el año 2008 publicó su primer Ep, llamado Even Born Again, antesala de su primer álbum, Suburban Nature del 2010.

                                              

                                                                      

Filigranas...

La magia del tiempo se mide por su poder de detenerse, una habilidad única que solo se logra en ocasiones. Todo alrededor se dilata, se degrada, se borronea, se pierde con el soplido inerte de bocas bajo juramento. Son esas réplicas mentales las que permiten mantenerse conectado a la realidad ante eventos que, colmados de detalles, juegan con los sentidos. Parece una insinuación literaria y remota cualquier planteamiento que desdoble el alma, por ello quizás a esas gotas cronológicas le tenemos poca fe. Cautivos transitamos, buscando esos instantes que hagan más ligera la carga de vivir sin existir.

Dependo de instantes para respirar, necesito lo insensato de un arrebato o el riesgo de morir por soplos para luego agradecer que aún tropiezo como cualquier mortal que deambula con vetas. Probable que de esta manía de cazar reverencias sin un escudo físico sino más bien emocional se haya colmado de riesgos mi integridad ante cualquier juicio, poca confianza tengo de salir airosa entre brazos que sé, después de extendidos, han deseado ahogarme. Confiar es una práctica metafísica que cuerpos mutilados no logran alcanzar por mucho que cierren los ojos.

La culpa desconozco por no haber logrado definirla en una mente que se salvaguarda en algunos cuantos aciertos. Nombrarla sería ubicarla en algún espacio vacío de mi memoria y no me interesa sabotear las pocas libertades que me concedo. Prefiero invertir la paz que compro cuando la ofertan en proporcionar instantes desdibujados a la memoria y cuenta de mi vida. Esa que interrumpo con artistas de cartón que no aguantan frío o viento, un te quiero o un simple odio. Como secuelas de un ayer, como marcas de vejez en un mapa se siguen quedando en el alma experiencias como filigranas de un anhelo descontinuado por la erosión de vientos inclementes. Así como esa mancha de vino sobre el mantel, como la humedad de aquel vestido se guardan intactos los momentos que fraguan la distancia en la que no estoy contigo… El idealizado sin rostro, la promesa de lo incierto, el final del punzón de mis manos. 

                         

miércoles, 11 de mayo de 2011

Tanto tantas...

Tengo tantos rostros apilados que hoy no se cual escoger para mostrarme al mundo.
Tengo tantas heridas abiertas que no poseo más jirones de piel para remendarlas.
Tengo tantos fantasmas en la espalda que siento cada vez más cerca mi nuca del suelo frío.  
Tengo tanto descanso pendiente que las bolsas de mis ojos traicionan la cronología desordenada de mi corta vida.
Tengo tantas ganas de rozar que mi hábito de sentir con ambas manos todo lo que me rodea se ha duplicado.  
Tengo tanto que soportar que mis nervios empiezan a fragmentarse después de las seis de la tarde.
Tengo tanto café en el sistema que no recuerdo la última vez que me quitó el sueño.
Tengo tanta rutina que no uso reloj, solo basta con detenerme y ver que actividad me consume la voluntad para tener un aproximado de la hora.
            Tengo tantas historias calladas que, algún día, serán usadas para equilibrar una vieja mesa de té sin brillo.
Tengo tanto de lo que no se toca que rezongar en voz alta me recrea cargos de conciencia.
Tengo crónicas que inician con comillas y finalizan en muertes anunciadas.
Tengo un listado borroso por la gravedad, mis lágrimas siempre caen en las letras mayúsculas y los bordes.
Tengo expresiones indisimulables ante frases que me hacen fragmentar la sanidad.
Tengo miles de razones para sentirme diferente al resto, para buscar portadas distintas a mis días y espacios solitarios para emigrar sin equipaje alguno.
Tengo una vida prestada que en ocasiones quisiera devolver…


                                     

miércoles, 27 de abril de 2011

Humo...

Dijiste que buscaríamos la manera de manejar esto lo mejor posible. Hablaste de cuidarme y cuidarte, de no lastimarnos, pero sin duda algo falló. Creo que podría culparte de esto, aunque no es un hábito común en mí repartir responsabilidades, hoy sin embargo, no me da la gana de cargar sola con estas promesas sin eco en el tiempo. No se qué podría ser peor, si pensarte hasta el cansancio de mi razón o a pesar de todo, el seguir tanteando en la oscuridad hasta conseguir un mínimo recurso para rescatar lo que hace mucho tiempo está perdido. Cambiaste haciéndote más de lo mismo y menos de mí. Cambiaste sin avisarme para que lo hiciera contigo. Ya no hay vino, no hay poesía, no hay libros… Ya no soy yo en tus madrugadas, en tus excusas, en tus alegrías. Ya no eres tú en mis letras, en mis historias sin contar, en mis noches de fuga, dejaste de ser hasta en aquella canción…     


                                                                 

Waking Life Official Trailer

jueves, 21 de abril de 2011

Mis pensamientos buscan un muro donde alojarse...

Hay ideas tortuosas, ideas que demandan energía, tiempo y críticas. Sin duda, son ese tipo de cosas las que te orillan a buscar actividades paralelas. Pintar, cortar, mover, rasgar, cantar, leer, caminar, refregar, huir, morir, revivir, padecer.  No es de dudar que la ansiedad se apodere de mi a lo largo del día, que en ocasiones mi humor cambie con el clima o que mis recuerdos sean clavos oxidados, pero sin duda, he perfeccionado el arte de redimirme sin sublevarme ante realidades que no me incumben pero me reconectan con las circunstancias difusas de mi existencia física. Sacerdotes pedófilos, servicios colapsados, gobernadores ineficaces, muertos en esquinas, conflictos bélicos y otros nudos son el pan diario, uno sin duda duro he innecesario. En ocasiones me pregunto como existen personas que pueden dejar por elección sus mentes en blancos como hojas para estrenar. Cómo harán para no pensar en el día, para no tener ideas martillando una y otra vez, ideas de esas que hacen el sonido de un árbol cayendo, aquellas que como secuencia traen otros porqués igual de irreverentes pero que dejan eco… Por qué (si a la realidad nos remitimos) lo hago si a mi nadie me ha preguntado qué opino.

Hoy fue un día diferente, quizás porque inició con lluvia. No me había levantado aún de la cama y ya tenía una idea amplia de cómo sería el resto de mi ciclo, curioso que estando a mitad de semana me sintiera yo la mitad de lo que ayer fui. Pude perfectamente servirme café y existir, existir de aquí para allá sin mucho, como he hecho estos días libres de rutina, pero llenos de cuestionamientos habituales. Perfectamente pude calzarme y salir a caminar, (un factor necesario desde hace algún tiempo), incluso de haberlo querido podría haber hablado con alguien en casa, pero hoy el silencio fue mi mejor acompañante. No llené mi tiempo con actividades, no pinté, leí o existí… Solo me limité a quedarme en cama, a no levantarme por vasos o platos, a no atender tlfs a no responder saludos. Me dediqué a pensar, pero poco me importó el diario, la noticia, la conversación ajena. Hoy tenía como de costumbre mil ideas en la cabeza y el alma, digo miles porque 999 llevaban tú nombre tanto en la mente como en el ser. Esta vez no las sustituí con otras irreverencias para silenciarlas, ellas, en esta ocasión, solicitaban ser escuchadas. Yo debía sentirlas, debía procesarlas, debía y debía para al final del día colocarlas en alguna esquina mental hasta decidir un mejor destino para las mismas.

Recordé una y otra vez tu mirada nerviosa, dirigida a la nada y por momentos a mi, tu postura tensa y algo encorvada, ese tono de voz suave y con acento sutil. Ya no eres como te recordaba, has cambiado. Es curioso que me refiera a esto de los cambios, nos desconocemos aún a pesar del tiempo que nos separa. No se cuantas horas duermes, que comidas te saltas, desconozco las palabras que usas para conversar, alguna muletilla, un pequeño tic u otra peculiaridad, somos dos extraños lado a lado que la vida presentó hace mucho pero sin lograr mayores resultados. Empezó la noche con una conversa nerviosa, algo genérica, que adornara cualquier posible pausa incómoda que por mis nervios probablemente no ocurría, pero debía prevenir, ya conoces bien mi hábito de hablar demás para disimular mis propias aprensiones. Quería saberlo todo, quería escucharte aquellas palabras prometidas, quería que rieras conmigo, que me vieras diferente pero por lo pronto la situación ameritaba calma y prudencia, así mis labios pidieran apuros torpes de algún beso robado.

Cuantos detalles para recordar, paredes, ventanas, escaleras, tu rostro, los espejos, las prohibiciones, los espacios vacíos y mi presencia junto con la tuya en el medio de ellos. La vida suele obrar de maneras curiosas, solo estabas en mis letras y ahora bastaba extender un respiro sutil para sentirte ahí, de nuevo a mi lado, poco a mi frente. “Cuéntame de ti, dime lo que quieras, un secreto, lo que piensas…Pero dime algo”. No podía faltar mi curiosidad y como siempre no podía sobrar tu equidad para segmentar mis preguntas afanadas. Si bien la información es poder quizás pretendía esa noche conseguir un poco para mi y así resguardarme, asegurarme o creerme que esto en realidad pasaba. De igual forma, el juego estaba a tu favor, a pesar de que no lo creas. Todo era tan distinto, desde el aire ligero hasta la noche silenciosa, enmarcaban una especie de estar sin estar, un pretender sin invadir, un respetar tus pensamientos pero buscando calar en ellos a pesar de las normas. Te dije lo que pensaba, para qué callar a este punto, me mostré ante ti como siempre lo he hecho pero en esta ocasión con un reducto de egoísmo por pensar primero en mi y lo que deseaba al estar allí. El perímetro se hizo poco a poco más pequeño, el peso de tu brazo reposaba en mi espalda, todo tuvo sentido al menos un segundo, siento que desde ese momento iniciaste la despedida a pesar de haber acordado que sería un acuerdo mutuo.

No fui yo, fue alguien más, la que esa corta noche te acompaño torpemente. Desconocía todo lo que siempre ha sido común en estos casos… Mis manos no rimaban con mi escasa respiración por esa molesta alergia que llegó con tu arribo, las sombran no marchaban en total sincronía aunque el corazón tenía su propia partitura y ese juro no se equivoca. Tanto para sentir, tanto para vivir, tanta escuela antes de ti, tanto ensayo y error perfecto, básico, cumplidor y recurrente para encontrarme transparente ante tu presencia algo más reducida a como la recordaba. Una competencia sutil y silenciosa de la que me percaté un poco más en tierra, esa voluntad de no hacer que te cuestionaras al sentirte tan lleno de lo deseaba brindarte hasta copar tus paginas. Un exceso con límites a fin de cuestas, un placer culposo que reflejaba tu gran destreza. Me sentí tan ajena a ti, a pesar de sin rozarte sentirme tan tuya. Los demonios en la espalda no son la mejor compañía, hacen meya aunque se establezca resistencia, esa noche fuimos tres o más en el mismo espacio.

Botellas de vidrio esperando ser impactadas, una sola bala, una sola oportunidad. Un gatillo accionado y un efecto inmediato de reacción expansiva. La bala no llegó a su destino… El cristal solo sufrió la quemadura de un roce extraviado y allí permanecerá junto con el resto en la intemperie de una negación a nuevos intentos. Aún conservo una piedra pequeña en la mano para ambicionar hasta cumplir el destino, aprovechando tal vez un ligero descuido, un gesto de confianza, una invitación silenciosa… Prometo esta vez dar el blanco sin dejar rastro alguno de mi fugaz acierto. Pero acompáñame a acompañarte, víveme para vivirte un poco. 

                                  
                                   

miércoles, 20 de abril de 2011

Más allá del olvido


Alguna vez de un costado de la luna
verás caer los besos que brillan en mí
las sombras sonreirán altivas
luciendo el secreto que gime vagando
vendrán las hojas impávidas que
algún día fueron lo que mis ojos
vendrán las mustias fragancias que
innatas descendieron del alado son
vendrán las rojas alegrías que 
burbujean intensas en el sol que
redondea las armonías equidistantes en
el humo danzante de la pipa de mi amor

Alejandra Pizarnik

La lluvia y otros excesos…

Abrí los ojos un par de veces, sin ni siquiera haber decidido si me levantaría de la cama; no encontré un porqué válido para semejante esfuerzo moral y digo moral con una implicación más rebuscada, por el hecho de asumir que al levantarme, debía enfrentar un nuevo día de afanes, lógica descuadrada, ideas penetrantes y calma inexistente y hoy en lo personal, no tengo ganas de ser yo. Dirigí  la atención a la ventana, como si en ella tuviese una vista maravillosa para reinventar los ánimos inexistentes, considerando que no tengo más que ver que la media copa de un árbol sin gracia entiendo que pierdo mi tiempo buscando encontrar un mejor rincón allá afuera. Di una, dos y tres vueltas, pasé mis manos por las sábanas y se sintieron jodidamente ásperas; ya nada en este espacio es igual y no tiene porque serlo, yo ni siquiera soy la mitad de lo que fui ayer. Tomé el teléfono que encontré escondido entre los libros de la mesita de noche, hubiese sido mejor tomar alguno de ellos, ahí hay más información de mi propia vida que en ese objeto al que le invierto tanto tiempo, hoy no lo haré, no habrá un mensaje tuyo.  

Tengo que escribir, tengo que hacer algo con esta ambivalencia que hace tanto no sentía, ayer solo logré escribir una frase y así tal cual la encontré en la computadora, casi sentenciando mi temor a continuarla. Lo sé, yo y mis métodos, tú y los tuyos. Si bien es cierto que la tinta no compite con las teclas es un buen recurso para mantenerme ocupada aunque sea por un par de minutos. “No te sentí mío porque no lo eres ni pretendes serlo. Siempre serás de esa realidad con la que compito inconscientemente, como si esperara un reconocimiento a la voluntad de intentar…” Qué otra cosa podría agregar si todo ya está dicho, al menos por ahora. En otro orden de ideas, que derivan de la original, podría contar que volvió mi alergia (es lo único que tuvo el valor de reaparecer) la misma, es aún más aguda, quizás porque descubrí el motivo… Mientras tú también lo conozcas probablemente me acompañará un rato más como recordatorio. Camino la habitación, paso mis manos por mi rostro, muevo cosas si buscar nada y recuerdo que debo conseguirte un libro para tú viaje, luego caigo en cuenta de lo innecesario, no estarás para dártelo, debería caber en una botella, pero no hay marea ni persona que acorten la distancia. Tampoco creo que lo quieras…  

Se que debo escribir, se que es mi único cable conductor a tierra, pero el saber que aparecerás en cada letra y que te reconocerás entre ellas me causa esa ansiedad que acompaña a los días lluviosos. Mi primera mañana después de ti no fue contigo, no era tú brazo quien me rodeaba sino ese temor de no poder reivindicarme, de que no me dio tiempo de momorizar tus marcas eternas. Ya ahora de nada sirve, buscaré café y tomaré con seriedad el llenarte de letras… O quizás lo posponga nuevamente amparándome en factores climáticos…  


                               

sábado, 16 de abril de 2011

Estorba hasta tú sombra...

No entiendo que haces en este lado del mundo… Tú lugar es lejos de todo lo que en algún momento pudo ser el verdugo de un anhelo. Menos comprendo esa capacidad tan tuya de morir y renacer a pesar de que te sepulte bajo mil razones, no soy yo quien te revivo, no soy quien te espera pero, solo basta una misma brisa que roce la calma de ambos para que reaparezcas como el bosquejo perfecto de lo que podría, en un mundo paralelo, llenar mi espacio. Me parece escuchar como susurros esas quejas de tú mal vivir, el cansancio del día a día y el rechinar de las puertas que abrías y cerrabas en busca de respuestas. El ruido del vidrio arrastrándose por el suelo en forma de botellas vacías, las mismas tú única compañía, que te llenaban sin hablar.

Yo, en otro extremo del tiempo idealizada por tus ganas de huir era la respuesta muda a un lamento evadido por mi conciencia. “No podemos, no puedo, nadie debe saberlo, estás jugando con fuego. No me hagas desearte, sepárate de mi y no me pidas nada, no me digas que me quieres que puedo llegar a creerte, no me dibujes un amor de hombre a mujer, continúa con tu vida”; esas eran mis letanías ante tu ímpetu animal que más de una noche desee me llevara entre sus pieles.

Después de tantas lecturas, de regalarte un verso, de aceptarte dos, nada queda para compartir, todo danza resumido en un nunca disfrazado de condena. Camina lejos de mis pisadas, no quiero sentirte, respirarte, saberte cerca. No podría desdibujar la mirada y menos el beso que prometí te daría pero luego deseché porque esta realidad no es más que una excusa que nos absorbe a ambos. Si realmente sentiste en tú estómago el fuego de lo prohibido en vez de esos insectos que la gente asegura les revolotean en el alma entonces aléjate de mi, aléjate  antes de que si quiera pueda pronunciar tú nombre mentalmente. No, no te alegres, si te nombro no es con dicha, o quizás lo sea aún sin aparente razón; pero, si te garantizo que tú nombre vendrá con mis manos apretadas por la imposibilidad, con los dientes rechinantes por morderme la lengua, con la mirada perdida por no saber que decirte, con la razón abolida porque siempre tú ganarás, con el sexo nervioso por tus ofertas sumisas y con los pies encaminados a la salida para solo correr…  

Enséñame esa indiferencia que consume tú verbo, esa posibilidad de verme como humo transitorio. Yo pude tanto tiempo borronearte, pero hoy, he perdido la práctica con tan sólo cinco minutos de saberte cerca. Aprendo rápido, inténtalo. O mejor aún hagamos honor a esas promesas dichas como susurros trasatlánticos, tómame una noche de esas oscuras sin luna, decide un punto de encuentro un día o una fecha. Escápate conmigo y no me hagas preguntas. Invéntame aquello que me dijiste que solo tú podrías, causa lágrimas de dicha que luego la misma condena secará con su fuego, tómame de la mano, camufla mi cuerpo con el tuyo, con tu gran espalda con tu sombra, con tu mirada, con tus labios. Mañana nos desconoceremos, mañana serás esa ceniza que llevó polvo en la esquina de mi recuerdo durante tantos meses… Mañana ya veremos si logré odiarte.

                                                                                         

viernes, 15 de abril de 2011

No todo es lo que parece, y lo que parece, ni siquiera tiene ganas de ser como algo más…

 Al igual  que aquellos zapatos altos de tacón de aguja, aquellos que compré por la forma que le daban a mis piernas. Las mismas que caminan a diario en zapatos tan planos como la mente de algunos, que pisan incluso más firme pero sin la gracia seguramente de aquellos entes rojos de tortura. De igual forma aquel perfume finamente combinado, ese que uso en las mañanas y me da repentina alergia, al parecer es muy fuerte o yo soy muy débil, el mismo de forma estética me pareció una propuesta distinta para los sentidos, un sello personal más interesante. Pero en el proceso, se que formará parte de la colección de alguien más, porque su gracia europea, que me refuerza mi teoría de pertenecer al continente equivocado, en esta ocasión no va con la mía. El existe para adornar el cuello, la muñeca y las noches de alguien menos sensitivo. Desde la mesa de noche me mira un elegante libro, uno de letras brillantes y contenido denso y vibrante, dos características fundamentales para quedarse en el o en quien las posea, algunas de sus páginas dobladas me hacen sentir culpable, una fina capa casi imperceptible de polvo me recuerda mi preferencia en este momento por otras tramas…Pero en algún punto lo encontré majestuoso, algo me hizo verlo entre tantos, lamentable, que rápido perdió su brillo, que responsable soy por darle falsas esperanzas. Tengo un cementerio de decisiones inconclusas, un mar de objetos sin otro dueño que no sea yo y mi empatía con lo inanimado, con su olor, texturas y sombras. Me rodeo de inicios que culminan en medios y no en finales, al profundizar en mi capacidad de almacenar lo innecesario y darle un valor crucial a cosas que existen porque lo decido y no por su utilidad entiendo el porque estás en la esquina de mi vida llevando polvo…   

                                                            
                                                                     

Discurso sin normas…

Que el sonido de ese corcho viejo
inicie la cuenta regresiva hacia tus besos,
mientras un movimiento involuntario traiciona
mi falsa pero ensayada tranquilidad.

Manos, piernas, pies y alma se contraen nerviosas,
solo pienso en catarte sin lograr darle crédito a tu boca.
Toda la sinfonía de tú verbo se escribe con mudas palabras,
hace tanto ya no te escucho, solo te observo y me lleno de ti.

Hace horas deseo silenciarte acercándome a tu pecho,
mirarte fijamente con los ojos cerrados por lo incierto,
colocar mis manos sobre tu rostro sin aparente razón.
Mis argumentos poco importan a milímetros de distancia.

Recuérdame que eres tú al que idealicé con sonidos,
recórreme y explora como la pasión y la noche te dicte.
Hazme de nuevo gota a gota y no dejes de mirarme a los ojos.
Miénteme si lo consideras necesario, háblame del mundo.
Llena de vino mi taza medio vacía, celebremos la casualidad…



                                                                       

Tres verbos y un deseo…

Si pudiera….
Si pudiera justo ahora soltar con mi índice y pulgar cada uno de esos temores que se anudan en mi alma lo haría sin pensarlo. Quizás daría pasos ciegos a tu sombra y me quedaría en tus brazos sin vigilar la puerta, el reloj o mis ganas.
Si existieran…
Si existieran garantías que agrupadas se hicieran una tabla de salvación no la tomaría, en este punto, mi brújula es el deseo utópico de que existes porque existo, de que respiras porque respiro y de que decides porque yo lo hago. Un mismo siglo, una misma ahora, una misma niebla.
Si huyera…
Si huyera de mis marcas dejadas en la arena, si me desentendiera de lo que fui antes de ser algo más mi asfalto no iría a tú puerta sino a cualquier otro destino igual de incierto, pero sin duda, menos perfecto. Las causalidades insisten en ampararnos y un marco de madera tallado con roble de aquella caja de recuerdos se encarga de construir peligrosos paisajes, paisajes a los que pertenecemos sin haberlo solicitado en voz alta.
Si tan solo…
Si tan solo extendiera mi mano y pudiera recorrerte al ritmo que indican aquellas vidas en las que ambos cosechamos un sentir sin sentido no dudaría ni un minuto en transformar mis formas, para hacerlas extensión equivalente de las tuyas. Ser uno conformado por dos, no ser un final sino un camino a transitar, más que una duda ser una promesa, un después en carboncillo, luces y sombras sobre un mismo lienzo. Una sola oración con ambos como sujetos, un apretón esquivo de manos, un roce discreto ante las miradas ajenas. Una historia sin comienzo definido pero de final incierto. Un reloj sin más horas que las invocadas por nuestros deseos.  


                                                

viernes, 4 de marzo de 2011

Secuencia numérica de la seudoalma…


Una, dos, tres gotas.
Café para el alma y el cuerpo,
poco en este punto me agota
tú insólita manera de caer.


Cuatro, cinco, seis pliegues.
Una anécdota más de juventud,
se requiere de indiferencia e ignorancia,
hoy nadie estará esperando tras la puerta.


Siete, ocho y nueve pétalos
con un discurso elaborado de soledad.
Preguntas al viento cuando calla,
la respuesta ya no se lee entre líneas.  


Diez las razones por las que aún espero
tú sombra inerte sobre mi espacio.
Natural secuencia de eventos
que juegan con la voluntad.    



                                                                 
                                                                                          

miércoles, 2 de marzo de 2011

Me senté a observar...

Hoy en horas de la tarde, estuve en un centro comercial muy concurrido. Si bien es cierto mi intención no era pasear pues, el motivo original era diligenciar algunas cosas, inminentemente terminé haciéndolo. Y ahí estaba yo, viendo tiendas desde la vidriera y con tan poco interés que cualquiera podría asumir que solo quemaba tiempo caminando de un lugar a otro para perforar el suelo, el mismo lleno de pisadas más antiguas que las mías y quizás igual de dispersas. Ya un poco adentrada la tarde me aparté a un pasillo poco transitado, saqué mis audífonos y busqué alguna canción que combinara con la repentina melancolía que surgió sin razón aparente y la que como buena masoquista debía enmarcar en una tonada igual de ambivalente para crear la situación perfecta para mi estado de ánimo.
Lo curioso de esto es que aparentemente ninguna de las opciones musicales parecía hacer juego ante tal situación. Miré una y otra vez y no encontraba nada que pudiera fungir como banda sonora ante mi actitud distante pero, de pronto, me topé con una tonada algo vieja pero clásica y procedí a dejarla sonar mientras miraba a mí alrededor. De repente, las cosas dejaron de ser solo cosas y empezaron a rimar bajo la misma vibra, las luces del lugar, el ritmo de las personas, las dinámicas naturales de sitios habitados, los olores y hasta mi misma presencia hacían juego, al mejor estilo de una partitura. Todos conocemos el alcance de la música, todos disfrutamos de la existencia de la misma, en mayor o menor medida, pero su valor más allá de lo tácito, su verdadero poder radica en como fusiona casi todos nuestros sentidos en su totalidad para poder disfrutarla de una manera más sensorial.
Lo que me hizo pensar… ¿Será qué en ocasiones nos dispersamos ante el ritmo natural de la vida porque la enfrentamos sólo con algunos y no todos nuestros sentidos? Podríamos pues, indagar un poco y reconectarnos con los simples placeres que en ocasiones olvidamos para encontrar un argumento ante este planteamiento. Ejemplo: Un olor agradable, un sabor reconfortante, una linda vista, un clima que te roce y un sonido de fondo que nos recuerde lo preciado de contar completamente con esos hilos conductores a la realidad, un hecho del que no todos pueden gozar o presumir.
Hacer la vida más disfrutable y vivible depende netamente de nuestra óptica y disposición para en vez de sobrellevarla fluir con ella. Elementos simples pero de gran poder extemporáneo que de hacerlos hábitos definirán nuevos colores. Y eso, es lo que yo considero, un placer gratuito y de libre dominio. Un viaje directo a nuestro límbico fiel, el cerebro noble y detallista. 


lunes, 14 de febrero de 2011

Decálogo del agradecimiento dirigido a los hombres de mi vida…

Gracias:
    1. A ti que me correspondiste cuando sentí, sin miedo alguno, el deseo de gritar lo más duro que pude “conseguí a alguien a quien querer tal y como es” (así el sentimiento no haya sido eterno). Así haya durado por horas, minutos o segundos yo experimenté la vida que da el querer sin reservas.
    2. A ti que a pesar de las diferencias y el contexto te diste la oportunidad tomándome de la mano de enfrentar todo para vivir en la locura.
    3. A ti que me hiciste sufrir, que me hiciste dudar, que me hiciste cuestionarme he incluso evaluarme ¡Gracias!. Cada lágrima me hizo fuerte, cada tropiezo me hizo levantar, cada herida me hizo aprender a sanar y cada dolor me dio la fuerza para perdonar.
    4. A ti que no llamaste de nuevo, que me tuviste al lado del teléfono infinitas horas atenta a un gesto de correspondencia después de aquella entrega. A ese que decidió no volver le agradezco que me ahorrara el tiempo, que me hiciera no perderlo en ilusiones vacías y que me hizo asimilar realidades porque no había más que ofrecer le debo mi actual claridad para evaluar y entregar.
    5. A ti que te fuiste con alguien que quería importándote poco cualquier parámetro de consideración y respeto, te debo, hoy por hoy, el poder de seleccionar mejor a quienes me rodean, he incluso te disculpo por no saber equilibrar deseo y sentimiento, no como gesto benevolente ante tú error si no, como placer humano de brindar paz.
    6. A ti que me tuviste como opción y nunca como prioridad. Que no luchaste si no solo ofreciste y muchas veces lo restante de tu vida te agradezco que hayas pasado por la mía. Me enseñaste sin saber como se debe tratar a las personas, pues no podría hacer a otros cosas que no me gustaría me retribuyeran. Por esa inconstancia ante mi sentir me dejaste ver lo que nunca quiero ser o hacer a quien me pretenda.
    7. A ti que solo piensas en mi en la distancia pero que en la realidad de un encuentro te faltan pantalones y vida para verme a los ojos te recuerdo que: “Las palabras el viento las aleja y sin acciones nada queda”. Considéralo como un consejo para que no tropieces con la misma piedra y puedas lograr sentirte el hombre que presumes pero que en realidad no existe.
    8. A ti que te ausentaste sin despedida mil gracias por ahorrarte palabras sin sentido que pudiesen haber complicado aquel momento carente de explicaciones válidas. Tú ausencia se hizo letra, se hizo arte y me invito a regocijarme en el placer de comunicar sin palabras, mi actual alimento de vida.
    9. A ti que aún no entiendes todo lo que significo, que no ves todo lo que soy o seré, que no te has percatado de lo bonito de mi estadía, de lo acertado de mi pasión gracias. Me has permitido recordarme mil veces todo lo que represento y saberme como soy me llena de plena dicha, pocos pueden presumir de eso.
    10. A ti que no has llegado aún pero llegarás, gracias por existir en el mismo momento y tiempo que yo lo hago. Gracias por reconocerme, valorarme, aceptarme y sentirme entre líneas. En especial agradezco que me recuerdes el hecho de que la espera valió la pena.